Frenillo y anquiloglosia, 2 cuestiones distintas.

 

El frenillo lingual es una membrana que ancla la lengua al suelo de la boca.

Hay frenillo de dos maneras: frenillo anterior o vertical, y frenillo posterior o transversal. Los anteriores se observan a primera vista; si levantas tu lengua y te miras en el espejo muy posiblemente la estarás observando y sabrás a qué me refiero.

El frenillo posterior cuesta más de ver, y son como una banda más blanquecina y horizontal situada justo en la unión de la lengua a la boca, de lado a lado. De muela a muela, para que nos entendamos.

A su vez cada uno de estos frenillos se subdivide en dos, en función de dónde están situados y cómo afectan a la movilidad de la lengua.

La mayor parte de las personas tienen frenillo de un tipo o de otro.

Observamos frenillo lingual tanto en adultos como en bebés, y esto forma parte de la anatomía humana desde hace miles de años, igual que la lactancia.

Tener frenillo NO ES UN PROBLEMA EN SI. El problema viene cuando la funcionalidad de esa lengua se ve afectada y sus movimientos restringidos (elevación, protusión, lateralización, deglución). A esto se le llama ANQUILOGLOSIA.

Antes de que la industria de la fórmula artificial se apoderara de la lactancia, las mujeres sabían por experiencia que una “lengua atada” (frenillo lingual anterior de tipo I ó II, situado en la punta de la lengua o muy cerquita) o una “lengua corta” (frenillo lingual posterior de tipo III ó IV) impedía que el bebé mamara correctamente, cogiera peso o hacía grandes grietas en los pezones de la madre, así como dificultaba una correcta dicción. En ese tiempo, eran las parteras, comadronas o matronas las que seccionaban el frenillo nada más nacer el bebé para prevenir problemas.

Frenillo

En la edad dorada de la fórmula artificial este conocimiento se perdió.

Y desde hace unos años que estamos luchando por recuperar la cultura de la lactancia, oímos hablar de nuevo de frenillo lingual y de frenotomías y frenectomías (cirugías consistentes en el corte más o menos profundo del frenillo).

La pena es que ahora hablamos, a mi parecer, DEMASIADO de frenillo, y eso lleva a hacer un sobre diagnóstico de problemas y una sobre recomendación de cirugías.

Porque se nos ha olvidado que hay otro actor en esta película: LA MADRE. Y un guion que viene marcado por la información, la experiencia de lactancia y el apoyo que esa madre recibe.

Lo que quiero decir con esto es que un bebé puede tener frenillo, esto es,  una lengua atada, o una lengua corta, pero si su madre tiene unos pezones flexibles, o ha amamantado previamente, o dispone de un buen asesoramiento, hay menos posibilidades de que tenga dificultades con el frenillo.

Cuando me preparé el examen de Consultora Certificada de Lactancia recuerdo que en uno de los temas decían que la gran ventaja de no ser personal sanitario frente a serlo es que una Consultora aplica técnicas de Consejería, principalmente observación, asesoramiento y sobre todo, cambios posturales. Recuerdo la importancia de la técnica “manos fuera”, enseñar a la madre una posición indolora sin intervenir para que ella fuese capaz de replicar dicha posición en su casa cuando ya no estuviera en la consulta.

Por ejemplo, en consulta somos capaces de que una madre que amamanta un bebé de manera dolorosa en su casa pueda hacer una buena toma, de manera completamente indolora. Y la madre vuelve a su casa segura, confiada y empoderada.Frenillo LCLL

Sin embargo, está sucediendo que esa mamá acude a su consulta de pediatría, le (sobre)diagnostican frenillo lingual sin evaluar si hay anquiloglosia, ni modificar la postura (en general se observa si los labios están evertidos, pero poco más) y directamente se le deriva a cirugía. Y a ese bebé se le corta la lengua. Y la madre ni ha participado ni participa en la resolución de un conflicto del que es una parte muy activa.

Mi reflexión en voz alta es:

Si en consulta con IBCLC el bebé es perfectamente capaz de mamar normalmente, de forma eficiente e indolora, ¿es necesario hacerle pasar por el trauma de la cirugía? Porque si la mamá en casa no se aclara con la posición, puede volver a consulta tantas veces como sea necesario hasta que la técnica esté afianzada.

Por último, quiero recordar que la cirugía del frenillo NO es definitiva y que los padres deben masajear la cicatriz para que no se hagan adherencias, así como mejorar la técnica de amamantamiento que tenían.

En cualquier caso, la decisión será siempre de los padres y yo, como profesional,  les acompaño en lo que ellos decidan.

Laura Villanueva, IBCLC

 

 

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